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Es el momento de los que decidieron quedarse

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“Soy italiana, y a pesar de vivir en Turín, siempre estuve muy cerca de la cultura Latinoamericana. Ejemplo de ello, mi mejor amigo de la infancia es argentino; otro amigo de la escuela, su mamá es uruguaya.

Tanto es de mi interés, que decidí realizar mi tesis sobre “procesos de pacificación e integración Centroamericana”. Mi ex asesor al ser ex embajador de México, estaba muy familiarizado con estos temas. Viajé a Costa Rica a conseguir la mayor cantidad de información posible de la biblioteca.

Al graduarme perdí el rumbo de qué sería lo siguiente que haría.

Admito que Facebook fue lo que me salvó la vida. AIESEC puso un anuncio de reclutamiento de voluntarios. En ese momento hablaba inglés intermedio, español básico y por supuesto italiano. Tenía miedo que no me llamaran por eso.

Como me gradué de relaciones internacionales, me pareció que lo más lógico era terminar de aprender inglés en un país donde solamente se habla ese idioma; al mismo tiempo sentía que debía quedarme en Latinoamérica. Busqué a mi asesor de tesis, que me ayudó muchísimo al decirme que dejara de pensar en mi currículum, que pensara mejor en lo que mi corazón e instinto me pidieran. Ahí fue cuando me decidí que me quería quedar viviendo en Latinoamérica.

Mi primera entrevista profesional fue el 9 de enero de 2014; fue en español y estaba muy nerviosa. Ahora, con mi mejor amiga celebramos cada 9 de enero con una llamada por Skype, porque esa fecha en especial, me cambió.

En la entrevista me fue bastante bien porque fui elegida para irme a Paraguay, pero siempre supe que era en El Salvador donde tenía que estar.

De los países que ofrecía la ONG fue el que más me llamó la atención. Es el más pequeño, un país rico en historia y con muchos cambios. 

A la semana de la oferta de Paraguay, por fin me llamaron de El Salvador. Tenía solo semana y media para mudarme de Italia a El Salvador, pero sentía que era lo que estaba esperando todo este tiempo.

Vine el 21 de enero. Estaba tan feliz. Tanto así, que cuando empecé a trabajar dando clases en la Assistenza Italiana, tuve que sacar mi NIT y ese día subí una selfie a Facebook de mi emoción. Era mi primer documento salvadoreño.

Tan solo tenía dos semanas acá cuando eso ocurrió. Y era algo que quería tanto. Actualmente ya entré en el ciclo de la vida al estilo salvadoreño, ya no me siento como una extranjera, simplemente existo acá.

Al principio fue muy difícil por la barrera del idioma. Tenía que andar siempre conmigo un diccionario italiano-español, y un diccionario de palabras salvadoreñas; el problema de todo es que yo hablo demasiado y no podía comunicar todo lo que quería decir. Toda la gente fue muy linda, me tuvieron una paciencia increíble.

Acá, me siento muy bien, me siento incluso mejor que en Italia. Claro que extraño a mi familia, pero acá también está mi hogar.

Incluso, cuando voy de visita a Italia no puedo vivir sin mis frijoles molidos y me llevo unos paquetitos. Tampoco podría vivir sin todas las sonrisas. La gente acá es bien alegre y bien positiva.

Admiro a todas esas personas que teniendo todas las capacidades y posibilidades de irse a otro país, siguen acá, porque quieren hacer cambio acá. Incluso, admiro a los extranjeros que están acá por amor al país y a lo que hacen.

Cuando uno se va de un país, se da cuenta quiénes verdaderamente siempre estarán ahí y quienes no. Perdí amigos, pero así es la cosa, tenía que crearse esa selección, es un proceso natural. Y acá gané mucho.

Para que se tenga una idea de cuánto yo amo este país, mi padre desde febrero no me habla porque yo sigo viviendo acá. Entiendo, soy su única hija, pero pues sí.”

Federica Marchisio, 30 años.